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Se fue Pepe

No sé cómo escribía tanta cosa, tantos adjetivos siguen por aquí flotando, supongo esa era yo, ahora creo ser otra, claro, igual de extraviada...
Vine porque recordé que las cerezas siguen floreciendo aquí dentro, son las enemigas del E. Coli que quiere apoderarse de esa parte blandita que se resiste a perecer y que escurro con lágrimas tres veces a la semana.
Pepe, cabeza roja, el mejor ejemplo de amor y vida, se mudó el cinco de marzo del presente año, quién sabe a dónde, él ahora es poseedor del secreto mejor guardado de la muerte.
Llegó a mi casa en una cajita, rodeado de uvas y se fue en otra cajita rodeado de los juguetes que tanto amaba, con la mirada triste y sin luz, con la patita helada y mi desesperación porque la muerte había llegado y lo arrebataba de nuestro lado.
Queríamos muchas cosas, hubiera querido que se llame Lázaro, pero como la resurrección realmente nunca fue una opción...quisimos cremarlo, para tenerlo cerca, no fue posible, caímos en cuenta de que la muerte de uno para otros es la muerte de nadie... 
Entonces Pepe te llevamos lejos, ahí donde el transporte no llega, dónde hay una señora que paga barrido de calles pero todo es tierra, mucho más allá todavía. Se cavó un pequeño huequito en el pozo rajado, te envolvimos como todas las noches para que no tengas frío y te dejamos dormir, no sin antes pensar que polvo somos y en polvo nos convertiremos, no sin antes regar la tierra de lágrimas, no sin antes pensar que algún día nos encontraremos de nuevo.


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Juguetito viejo

Desde hace dos años estoy ausente de mi vida, al principio no sabía si estaba bien o mal, todo era aventura, era Cristóbal Colón descubriendo América, luego ese Cristóbal se fue desinflando, terminé como un objeto olvidado, sí el nene ya jugó todo lo que quiso, se le fue  la magia, se acabó la novedad...
- Ahora qué - me susurro a mi misma - qué sigue
No lo sé, sospecho que debo seguir, pero cómo me cuesta, cómo me arde, cómo se fue el tiempo y mira que no regresa.
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Eclosionó la burbuja

Recuerdo hace mucho, tres años no más, me gustaba leer y stalkear blogs de ciertas personas a las que en muchos casos conocía de vista y a las que nunca hablé. Me gustaba leer sobre sus vidas, lo que pensaban, lo que pasaban y muchas veces no entendía nada. Era mi inexperiencia saben, una persona cree conocerlo todo y saber esto y aquello y en muchos casos juzgar y sentirse superior e intocable.
No recuerdo cuándo dejé ese pasatiempo y en cierta forma dejar de envidiarles, muy en el fondo claro, esas vidas desordenadas pero vidas al fin y al cabo y comenzar a vivir la mía, sin embargo hoy en el transporte público mientras venía tarde al trabajo, como toda la vida, vi un rostro peculiar, una nariz poco agraciada que resoplaba de cólera porque en este país aunque te dirijas temprano a un lugar siempre llegas tarde, al menos que salgas con miles de horas de anticipación, tráfico de mierda. Esa cara me transportó años atrás y recordé que esa era una cara conocida y que esa persona vivía y que sufría mucho por un amor egocéntrico.
En ese entonces yo la veía como la demente, la tarada, la bruta que se fue de su casa persiguiendo la felicidad junto a su gran amor, el hombre que le había hecho conocer todo tipo de sensaciones y la hacía vibrar. Me fascinaba ver como ese músico estúpido la había hecho doblegarse hasta el punto doloroso de sentir que no podía vivir sin él, y como la historia me fascinaba siempre le hacía seguimiento por medio de los blogs en las que narraba todo su mundo.
Un día la olvidé y hoy la recordé, así que mientras su nariz resoplaba de indignación porque la hora es la hora, yo me bajé donde debo bajar y me senté en el escritorio frente a la computadora como siempre, haciendo mis menesteres, revisando la conjugación de los verbos en italiano, hasta que mi mente volvió a transportarme a esa nariz y volví a buscar sobre ella como hacía antes, no tardé mucho en encontrar lo que quería y ponerme al día con esa historia de amor que acabó hace uno o dos años. Ahora puedo decir que a ella, nariz y todo la entiendo como no la entendía antes. No sé, quizás ahora soy mujer y antes era una niña, o quizás sigo siendo la niña pero una niña más vieja y las niñas viejas, como se pueden dar cuenta me decanto más por la segunda opción, aprenden algunas cosas.
La volví a leer y no la juzgué, porque nadie es de piedra y todo aquello que dije nunca haría o nunca sentiría ahora siento y muchas veces sufro por esas cuestiones de estúpidas, brutas y mujeres subnormales, es entonces cuando me pregunto si habrá otra niña sentada frente a la pantalla juzgándome a mí y a todas las Andreas que se decidieron a vivir y a tropezar en lo que nunca creyeron que caerían.

No escupas al cielo, pues.
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Me acordé de Acerezada

He venido con muchas melancolías por aquí amigos y he dejado este blog, que nunca tuvo un fin en especifico sino el publicar aquellos escritos incoherentes que el tiempo ha dejado de lado y yo he olvidado.
Aunque tengo actualmente otro blog en el que doy mis impresiones amateur de los libros que leo este pequeño rinconcito abandonado de mí siempre está aquí y creo que lo continuaré, aunque no tan seguido como antes.
Primero porque hay que darle un poco de espacio al genio creador incoherente que quiero ahogar, aquí no debe existir ello, este es el espacio que siempre le di y le seguiré dando, segundo, porque pueden existir miles de amores buenos y malos que quizás me puedan leer por aquí pero está bueno que lean y se vayan acostumbrando a la esencia mía, les guste o no, Andrea es ésta y sigue siendo, tercero, porque nuevas etapas de mi vida han venido y quiero que mi primer blog me siga viendo crecer y cuarto, porque me da la gana.
El mundo de la cereza continua, por mucho, espero.